You know sometimes after a long, busy, tiring, crazy week it takes a little while before you can settle into your weekend. Like the stress of the past five days hangs over you like a cloud and your shoulders don’t unclench until like Sunday morning and that’s only after your friends force-feed you two mimosas at brunch because, dude, it’s the weekend and you need to totally chillax. Nope, neither do I. Also, who still says chillax? I’m actually amazingly good at leaving the ridiculousness of the week behind me. Call it vestigial last-bell reflex where the my Pavlovian response to the end of the day is to throw my bag in the air and run away screaming “Freeeee!” But in my head. Usually. Anyway, that’s a really long set-up to say, I hope you guys all have a weekend as awesome and carefree as this policewoman’s. This Sydney officer knows how to let loose. (Things get good at the one-minute mark.) Police were there to check out the scene at a youth center fundraiser. And this officer decided to serve, protect and boogie. Screw dancing like no one is watching. Dance like you know everyone is watching and you don’t have a single fuck to give. Happy weekend, all.
p.s. Also, no one call me this weekend. I’m busy mainlining the rest of “Orange Is the New Black.” So good I totally stayed up until 3 a.m. last night watching.
Source:http://dorothysurrenders.blogspot.com/2013/07/my-weekend-crush_12.html
Dorothy Surrenders: My Weekend Crush
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May this Monday be a good start of the week. I'm already sensing the whirlwind situation is gonna hit the course the working days again, but I'm ready to face it at full head on. To start the week I try to inject a sense of color to the wardrobe coz color is always synonymous for creating an optimistic outlook for anything. Hence, purple became the choice. It's the color of royalty. Regal.The purple shirt is paired with the light grey suit jacket, both by River Island and matching tie by Cedarwood @ Primark. Completing the ensemble is watch by Simon Carter and boots by Gucci.Could this be a challenging working week again? Think so...*IMO, Apple really need to do something on the color reproduction of the iPhone camera (esp the front-facing). The purple is 'singing' blue in the second pix. I know it's Monday, but the color should stay true, eh?
A mi viejo personaje, Germán de Argamasilla, hacía tiempo que no le daba ningún papel. Él era un buen protagonista para mis novelas. Novelas que hace tiempo dejé de escribir. Ahora, que me dedico al microrrelato, su única ocupación es vagar por encima del escritorio. Igual lo encuentro sentado sobre una goma de borrar que cómodamente tumbado sobre un paquete de cigarrillos.Viéndole triste y aburrido, decidí interactuar con él para, al menos, mantenerlo algo entretenido.—Germán, ¿se le ocurre alguna buena frase para terminar este microrrelato?—A ver que piense… —y con sus minúsculos dedos parecía rascarse la barba, que no se afeitaba desde una aventura de 2007—. Tome nota: “… aunque la frase parezca un poco manida para poner punto final a esta historia”.—¿Eso? ¿A usted, que ha paseado por todos mis libros, sólo se le ocurre eso? —le espeté en un tono quizá un poco agrio.—Sólo sé que no sé nadar —dijo ahora, en un tono mucho más elevado y dramático.—¿Esa es otra de sus frases? Como chascarrillo me parece bien, pero he leído muchos tuits con esa idea. No pienso utilizarla.—¡Socorro, socorro, que me ahogo…! —gritó, y su tono de voz cambiaba conforme pasaba del medio aéreo al acuático.Yo, que andaba concentrado en este microrrelato, no le presté mucha atención. Cuando quise mirarlo, ya solo pude ver cómo sus pequeñas manitas, última prolongación de sus brazos estirados hacia arriba, se sumergían en el agua del vaso sobre cuyo borde lo había visto sentado unos segundos antes.No pude hacer nada por él. Me puse nervioso y mi mano se encajó en el vaso cuando intentaba rescatarlo. Hasta que logré sacarla y volcar el contenido sobre la mesa, el pobre infeliz había dejado de respirar. Ahora su cuerpecito yacía inmóvil sobre el escritorio, rodeado del líquido que acabó con él.Y así fue cómo mi querido personaje se ahogó en un vaso de agua, aunque la frase parezca un poco manida para poner punto final a esta historia.Acerca del autor: Javier López
—Tengo que escribir un cuento breve en el que estén estas siete palabras: brazo, verano, búfalo, nadador, vendaval, brillo y babor. —Abrí una nueva botella de cerveza y bebí un largo trago. Analía me miró como si hubiera degollado a su madre (que cada uno de los lectores interprete esto como más le guste).—Ya lo hiciste, entonces —respondió.—Me da vergüenza; es como un fraude, ¿no?—El verano pasado en Pinamar —Analía entrecerró los ojos—, cuando el brillo del sol se hacía insoportable y una casi rezaba por un vendaval que barriera con todo, emergió del mar un nadador que tenía tatuado un búfalo en el brazo izquierdo.—Fallaste. Ahí van seis y las palabras son siete. —Estaba feliz con el fracaso de mi mujer, pero ella no se acobardó.—Había estado navegando en un yate de diecinueve metros de eslora y se arrojó al agua desde la banda de babor. ¿Conforme?—¿Te parece que eso es un cuento?Analía se tomó su tiempo para elaborar la respuesta, y cuando lo hizo me pegó donde más duele.—Y esto ¿te parece que es un cuento?Acerca del autor: Sergio Gaut vel Hartman
La impaciencia carcomía mi cerebro, de tanto en vez, con esfuerzo, lograba detener algún pensamiento para explorarlo. Aunque normalmente la impaciencia lo dejaba raído a la vera de otro pensamiento que, por supuesto, no culminaba su proceso pues el virus de la impaciencia lo destruía. Una especie de intranquilidad lingüística era el síntoma. Ese día de primavera, por error entré en la Galería. Allí estaba él. Algunos, a escondidas, le sacaban fotos o lo toqueteaban un poco. Por primera vez no me sentí impaciente. Él nunca se enteró de mi fortuita curación, tampoco creo que me hubiese escuchado. Me quedé a su lado hasta que la Galería cerró. Luego, ya en la calle, supe que había estado allí, pacientemente, por espacio de más de ocho horas. Un pestañeo de tiempo, pensé. Cuando le relaté lo sucedido a un amigo, me miró con gesto divertido, para luego agregar:—¿Estuviste ocho horas al lado de una estatua?—Por supuesto —le respondí, un tanto incómoda—. Al principio tuve palpitaciones, pero luego, me transporté a su tiempo y creo que viajamos juntos.—Eso que te sucedió se denomina Síndrome de Stendhal.Obvio que no era cualquier estatua, era el “David” de Michelangelo. La belleza cura la impaciencia. Mi amigo no pudo comprenderme. Hace pocos días me encontré con su esposa en el andén de la estación de la línea Cero. Charlamos de bueyes perdidos, del virus de la impaciencia y finalmente me contó que tenían programado un viaje a Grecia pues su esposo, mi amigo, deseaba conocer a la Venus de Milo…Acerca de la autora: Ana Caliyuri